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Pensar fuera de la caja tiene ganancias (Ilustración: Serafín Allendelagua).

Vale más estar afuera de la caja

Contrario a como sucede con figuras coleccionables que pierden valor  por estar fuera de su empaque original, las startups que piensan out of the box han demostrado su valía. Y un término las define: unicornio.
 

Por Andrea Norzagaray

Si bien la existencia del unicornio como animal mítico data del siglo V a.C. –según relatos provenientes de la India–, en los últimos años la extraordinaria criatura tomó un significado diferente. Gracias a Aileen Lee, fundadora de Cowboy Ventures, ahora es parte del vocabulario habitual de analistas, empresarios e inversionistas, y para los emprendedores representa una fuente de inspiración latente. En 2013, Lee escribió un informe donde habla sobre startups tecnológicas estadounidenses de rápido crecimiento, con menos de 10 años de operaciones y valoradas en US$1,000 millones (US$1 billion) o más; ahí las bautiza como unicornios. Estos raros especímenes en el mundo de los negocios han comenzado a aparecer con más frecuencia. De acuerdo con un informe de PitchBook, a mediados de 2019 había 187 unicornios activos tan solo en Estados Unidos. Los más recientes –y valiosos– incluyen tanto a los controversiales WeWork y Juul, como a Stripe, Space X y Airbnb. 

HISTORIAS COMPARTIDAS

Además de ser la creadora del término, Lee aprendió lecciones clave sobre las startups. La primera tiene que ver con la edad de los fundadores. Al pensar en este tipo de compañías es posible que se nos venga a la mente un emprendedor de veintitantos años con sudadera y tenis como Mark Zuckerberg al momento de lanzar Facebook; sin embargo, la realidad es que el promedio de edad de aquellos que fundaron unicornios oscila los 34 años –jóvenes con experiencia–. Otro estereotipo relacionado con los fundadores que el informe de Lee desmitifica es que trabajan en soledad y que, en un momento ¡eureka!, crean sus startups. Pero el promedio de unicornios es de tres cofundadores y 90% tenía muchos años de conocerse –quizá después de leer este artículo deberías llamarle a tu compañero de universidad o preparatoria para saber a qué se dedica–. Por último, descubrió que la mayoría de los emprendedores había estado en universidades de primer nivel, con Stanford a la cabeza. Es verdad que ni Bill Gates ni Mark Zuckerberg terminaron sus estudios universitarios, aunque al parecer son la excepción y no la regla.

UNA MIRADA EN LATAM

Hasta ahora el principal foco se ha encontrado en compañías con sede en Estados Unidos; no obstante, las startups latinoamericanas están en ebullición desde hace varios años. Las condiciones del mercado han hecho que los fondos de venture capital dentro y fuera de la región tengan particular interés en ellas. El año pasado fue muy bueno para nuestro país. Con más de 120 millones de habitantes y siendo la economía número 15 del mundo, destacó en la cantidad de startups que cerraron rondas de inversión. Según datos de la Asociación Latinoamericana de Capital de Riesgo, 82 startups mexicanas recaudaron US$154 millones en fondos. Mientras que Latinoamérica en conjunto levantó un total de US$780 millones durante el primer semestre de 2018 –un crecimiento de 64% del monto acumulado durante el mismo período de 2017–.

Poco a poco, los emprendedores han asumido un papel importante en la economía de países como México, no solo marcando tendencia en levantamiento de capital, también abriendo mercados y explorando nuevas oportunidades. Aun así, la posibilidad de que una compañía latinoamericana se convierta en un imponente unicornio es baja; no por eso se debe de retirar la apuesta. El ingrediente clave para alcanzar el éxito es constante en todos los casos: creatividad.