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Ecofilter tiene un centro de acopio que almacena dos toneladas de colillas provenientes de todo México.

Ecofilter, Premio Santander a la Innovación Empresarial

Paola Garro y Leopoldo Benítez, fundadores de Ecofilter y ganadores del Premio Santander a la Innovación Empresarial 2018, cuentan su historia de emprendimiento.
 

Por Germán Sánchez

Administradora de empresas egresada de la Universidad Tecnológica de México (UNITEC), con una maestría en dirección de proyectos y un MBA, Paola Garro siempre quiso ser bióloga y desarrollar proyectos relacionados con el medio ambiente. Ese sueño comenzó a materializarse cuando conoció a Leopoldo Benítez –biólogo de profesión– e iniciaron Research Labs, complementando muy bien sus perfiles.

Luego de un viaje a Colombia en 2016 donde probaron su modelo de negocio, cambiaron de nombre a Ecofilter. Si bien su incursión internacional fue exitosa, ambos estaban convencidos de emprender en México y “generar innovación desde nuestro país para el resto del mundo”, afirman. Para ello, en 2017 patentaron su proceso de tratamiento de colillas de cigarros, que representa el principal activo de la empresa. Y el año pasado, ganaron el Premio Santander a la Innovación Empresarial.

Ecofilter aprovecha dos tipos de mermas: las de las tabacaleras –filtros de mala calidad, para generar papel o aislante acústico– y el desecho proveniente de la calle –al que le agregan un hongo que degrada la pulpa en tres o cuatro meses, en lugar de 10 años, para producir cartones de un solo uso–. “Queremos que exista una solución integral: contenedores, procesos, productos y un beneficio para la sociedad”, dice Paola. “Nuestro negocio es global, ambiental y ayuda en lo económico”, agrega.

Bajo esta visión que busca transcender, el Premio Santander marcó un antes y un después para Ecofilter: de un centro de acopio a 100; de un voluntario a 300 –en calles, universidades, dependencias y rescatando sitios turísticos–; así como interés por llevar el modelo a Francia, Italia, Alemania, Grecia, Nepal, China, Guatemala, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Chile y Argentina. Paola y Leopoldo destacan, sobre todo, la difusión que ha obtenido su empresa, el prestigio que brinda conquistar un reconocimiento internacional y la relevancia que adquirieron las colillas de cigarro como un residuo que, gracias a ellos, ahora pueden formar parte de la economía circular.

“El abogado que nos asesoró nos dijo: ‘no encontraron un proceso para las colillas, sino dos: el de tratamiento químico –que nadie ha implementado y que ustedes ya lo innovaron– y el de tratamiento biológico. Van a pagar doble’”, cuenta Paola. Al final, integraron los dos procesos dentro de una sola patente. Aunque esto significó una inversión importante, “es un buen respaldo y aleja a la competencia. Además, México tiene acuerdos de patentes con más de 170 países”, explica Leopoldo.

Hoy, cuentan con un centro de acopio general en Tlalnepantla, EdoMéx, que almacena dos toneladas de colillas provenientes de todo el país. Y en marzo de 2020 iniciarán la construcción de la primera planta tratadora de colillas de cigarro a nivel global, que operará en Guadalajara. “Juntamos tres vertientes: sociedad, gobierno y tabacaleras. Una alianza que no existía y que Santander nos permitió lograr”, comparte Paola. “El interés de la gente está latente. Ahora el siguiente paso es conseguir que las colillas sean catalogadas por ley como tóxicas. Sin duda es un gran reto; pero ¡sí se puede!”.